A la luz de un sol extraño, segunda parte

(A la primera parte)

En plena faena, Cris recibió una transmisión de la Atlas: sus sensores de largo alcance habían detectado una flotilla acercándose. La joven informó al resto, realizó cálculos para saber cuándo estarían allí. Lo que aún no había aprendido Cristina es qué, si la Atlas detectó la flota a varias horas luz y después trasmitía el mensaje hasta ellos, los datos tenían un retraso importante.
El resto andaba ocupado con la evacuación, confiaron en la adolescente. No esperaron que aparecieran tan pronto cinco naves de guerra.

Cris alertó al grupo cuando los sensores cortos avisaron. Jill y Ed dejaron de supervisar la evacuación; una acudió al puente, el otro a su caza. En el puente, Jill vio la formación enemiga, querían envolverlos. Eran cuatro fragatas ligeras y un gran crucero de guerra. Les identificaron, eran Hécate, estaban en problemas.

Parpadeó un canal entrante, era del crucero de batalla «la Leucótea». Abrieron la llamada, Jill se tensó al ver al portavoz. Era el coronel Alan McGregor, Jillian lo conocía muy bien, con él comenzó en Hécate, con él luchó durante años, él la dejó en criogénesis cuarenta años y convirtió al grupo en cobayas. En última instancia, por él habían desertado todos.

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Jill intentó pensar, le subrayó que había un montón de civiles a bordo. El coronel de Hécate preguntó si pretendían usarlos como escudos humanos. ¿Debía añadirlo a la lista de cargos?

La rigidez de Jill no preocupó a McGregor, con fría marcialidad les informó: estaban siendo rodeados, si no se rendían, serían destruidos. Jill intentó pensar, le subrayó que había un montón de civiles a bordo. El coronel de Hécate preguntó si pretendían usarlos como escudos humanos. ¿Debía añadirlo a la lista de cargos?

Cristina recordó a Jill que si la Atlas se preocupó de esta gente quizás fueran nuevos refugiados, sería fácil tacharles de enemigos públicos… Jill quiso tiempo para pensar, pero las alarmas sonaron. Hécate disparó.
Ed despegó en su caza, Jill tuvo que cerrar las escotillas entre la Kéningar y la Hermes ¡necesitaban separarse!
Red aún estaba en la Hermes cuando se desligaron, al igual que un tercio del pasaje; en su traje espacial solo percibía su música y el vacío, tardó en enterarse de qué pasaba.

La Kéningar confiaba en su camuflaje y su velocidad para protegerse, sin soltar la Hermes no contaba con nada de eso. La única arma de la nave era un cañón defensivo, Cris le dio caña derribando una oleada de misiles. Jillian entró en su armadura de combate, activó el pesado Espartano M306 y lo llevó a la sala de troneras; la nave no tendría potencia de fuego integrada, pero distaba de estar indefensa.

Mientras la lucha empezaba el caos se propagó entre los rescatados, estos se refugiaban en cada rincón, gimoteaban o buscaban amigos. Jill concentrada en derribar misiles no podía ayudarles, su mecha alertó que las naves enemigas desplegaban cazas, tenían que largarse de allí. Miranda informó, estaba cogiendo a Red y el sistema de ventilación con su Mantis, necesitaban unos minutos más. Edgar se adelantó a luchar, daría la vida por proteger a su amigo Red.

Los misiles eran un señuelo para evaluar al enemigo, McGregor no quería causar daños críticos a esa nave, los ordenadores de la Leucótea mostraban información espectacular sobre las posibilidades de aquella fragata. Los fugitivos eran prescindibles, de hecho podían ser molestos para el coronel en un juicio, pero la nave merecía ser capturada para la superioridad tecnológica de Hécate. Confiaba en sus pilotos, los cazas «Albatros» neutralizarían a los hostiles con daños quirúrgicos.

Eso le hubiera gustado al coronel, pero Ed era un as a los mandos de su Halcón, un modelo superior a los Albatros. Puso su canción favorita de rock y comenzó la fiesta. Los tres primeros cazas se desmarcaron para interceptarle; Ed les dejó separarse de su grupo y aceleró de forma demencial. Buscó el flanco del trío, al primero lo acribilló a cañonazos Gauss, los otros dos buscaron la cola del Halcón; esto ofreció sus flancos a la Kéningar, jill no desaprovechó la ocasión, tres menos. No tuvieron tiempo de celebrar, otra docena ya se les echaba encima.

Red y Mira se encontraron un nuevo problema, para los que quedaban en la Hermes sería nefasto perder el soporte vital, se resistieron. Algunos intentaron subirse a la Mantis, otros evitar que se llevaran el aparato. Red tuvo que forcejear con un sinfín de personas, era imposible que cargaran a todos. La metralla del combate llovía en el comprometido armazón crispando aún más la situación. Pese al acoso del pasaje, Mira les resguardó, evitó que el chaparrón metálico acribillara a los supervivientes.

Al final Miranda tuvo que zanjar la situación de forma despiadada, empujó con su máquina a todos los agresores tras la última escotilla. Eyectó una de las patas del hexápodo para atorar el acceso y, cuando recuperó a Red, selló con el adhesivo de emergencia la salida. La pata sacrificada contenía un kit de emergencia con, quizás, una hora de aire para toda esa gente, tendría que bastarles.

Cris se acercó para recogerlos. Edgar lo dio todo para proteger la Kéningar y la Mantis, incluso hizo de escudo. Al final el Halcón no pudo más, Ed eyectó antes de que reventara.
Con la Mantis dentro, la Kéningar pudo hacer efectivo su camuflaje. Si no disparaban no habría forma de estimar su posición, esto les dio la oportunidad de recuperar a Ed.

La escuadra de Hécate quedó perpleja, la Leucótea tenía sensores avanzados que buscaban en todas las frecuencias, pero aquella nave se había desvanecido. Lleno de ira, McGregor ordenó lanzar descargas de área. Las cinco naves saturaron los alrededores de la última posición del verso libre con metralla. Esa táctica no solía funcionar contra fragatas, bien blindadas, solo dañaba naves menores; pero si así creaban un campo de pequeños asteroides, podrían percibir los que rebotasen con la nave invisible.

Sería buena idea si la Kéningar pretendiera quedarse, pero Jillian mantuvo la cabeza fría. Ordenó la retirada. El millón de piezas de metralla rebotó contra ellos. Dio igual que intuyeran dónde estaban porque, al alejarse, cada segundo fue más difícil apuntarles.

La Hermes fue un tema distinto, no estaba en condiciones de recibir semejante ataque. El bombardeo agujereó aún más la maltrecha nave y masacró a los náufragos olvidados. Para el coronel solo fue una línea más en su informe; daños colaterales: veintisiete.

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Recibieron la nueva transmisión de la Atlas, ocho naves tomaban rumbo contra la nave colonia y cinco contra la Kéningar. «A buenas horas».

La Kéningar tomó distancia. Mira sorteaba civiles para evaluar daños cuando llegó un nuevo mensaje de la Atlas, les informaba de que la flota detectada se dividió en dos, ocho naves tomaban rumbo contra la nave colonia y cinco contra la Kéningar. «A buenas horas». El mensaje tenía un retraso de dos horas, pero no era inútil, informó que se habían movido y dio nuevas coordenadas de encuentro. ¿Debían regresar con la Atlas? Parecía la mejor opción, la metrópoli de este sistema estaría bien vigilada, otros sitios estaban demasiado lejos. Las alarmas del oxígeno se iluminaron, necesitaban el cobijo del titán.

Cris le dio al acelerador, les faltó tiempo para tomar distancia. Mira recalibró la nave para usar O2 del combustible, llevaría un rato poner a funcionar el reciclador. Los civiles aún estaban desperdigados, muchos necesitaban atención médica, igual que Edgar. Jill intentó organizar a la gente, pidió a algunos que ayudaran con la atención sanitaria, acomodó a otros e hizo recuento. Red se puso de inmediato a montar el sistema de reciclaje, tuvo que ensamblarlo a la Mantis para que funcionara.

Todos estaban conmocionados en la nave, el accidente, las horas de agonía, el ataque de Hécate… Pero una persona destacaba en su desesperación. Fran era un padre que había visto a uno de sus hijos morir en el accidente, también vio cómo su esposa e hija no pudieron entrar durante la evacuación. Intentó salvarlas, volver con ellas, pero todo fue demasiado vertiginoso, quedaron atrás. Se escondió en uno de los deslizadores y puenteó la comunicación del aparato, necesitaba saber de su familia. Él no tenía nada contra Hécate, en lo que a Fran respectaba, tuvo la mala suerte de que le evacuaran unos terroristas.

Fran contactó con la Leucótea y ellos comenzaron a rastrear la señal. No hizo falta mucho esfuerzo para seguirles, el propio civil informó del destino de la Kéningar para así reunirse con su familia. El coronel McGregor se enfrentó al dilema de si creerle, terminó haciéndolo. Trazó rumbo con su escuadra y mandó un mensaje a los que fueron contra la Atlas.


Al siguiente capítulo.

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La imagen de cabecera es obra de: ionen.

La de las naves de LordDoomHammer.

La chica peliroja en la cabina: Cesede.

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