A la luz de un sol extraño, tercera parte

(Al capítulo anterior)

La Kéningar siguió su rumbo, su tripulación estaba demasiado ocupada para percatarse de la filtración. Las horas eran cortas a velocidad subluz, no tuvieron que preocuparse de alimentar a toda esa gente pues llegarían pronto a destino. Averigüaron que los pasajeros de la Hermes iban en dirección contraria, hacia una pequeña colonia a cincuenta UA de allí. No podían permitirse llevarles; no daban abasto, no tenían suficiente material médico, y saltar a velocidad superlumínica era muy peligroso. Sin opción, los rescatados aceptaron desembarcar en la Atlas.

Un rato después el reciclador de aire ya funcionaba, su aire traía olor a grasa sintética, debía de estar tocado pero podían dejar de gastar oxígeno.
El verso libre desaceleró en el punto de encuentro. Se mantuvieron camuflados, la Atlas aún no había llegado. Los sensores tardaron un rato en dar noticia y la noticia no les gustó. No podían dar crédito, la escuadra de McGregor les había perseguido. Se plantearon la retirada ¿pero a dónde? No podían derrochar más combustible.

La escuadra peinaba la zona, no parecían saber dónde estaban. El camuflaje les dio tiempo, pero era demasiado sospechoso que les hubieran seguido. La Atlas llegó al fin, esto cambió la situación. El titán no podía camuflarse del enemigo pero tampoco lo necesitaba, tenía potencia de fuego para enfrentarles. La situación estaba de su parte.

La Kéningar pidió permiso para aterrizar en la Atlas, debían sacar de allí toda esa gente. El titán aceptó, pero querían saber cómo llegó Hécate hasta aquí; no tenían respuesta. El coronel no se achantó por el tamaño de la nave colonia, ni siquiera cuando salieron seis fragatas y un montón de interceptores de su vientre.
Las flotas formaron para el combate. Mientras, el grupo aterrizaba y comenzaba el desembarco de civiles.

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“El titán no podía camuflarse del enemigo pero tampoco lo necesitaba, tenía potencia de fuego para enfrentarles.”

La batalla comenzó, los cazas formaron un enjambre que enfrentó al enjambre enemigo. Misiles fueron arrojados a cientos, decenas de cañones esperaban el momento de convertir complejas obras de ingeniería en coladores. Cuando los misiles llegaban a su objetivo se adherían al casco y arrojaban una explosión direccional; la explosión convertía secciones enteras de las naves en un infierno de fuego, gases y metralla. La falta de atmósfera hubiera mitigado los efectos de una explosión normal, pero bien dirigida era devastadora.

Un afortunado misil se adhirió en unas reservas de combustible, una de las fragatas de la Atlas brilló cual supernova durante un parpadeo, luego desapareció. El titán tuvo que responder de forma contundente, apuntó su inmenso cañón láser y disparó un rayo de luz a una fragata de Hécate, el haz evaporó media nave y dejó la otra mitad como un hierro candente. La Atlas tendría que elegir bien su próximo objetivo, aquella proeza de destruir naves de un solo disparo suponía un despilfarro de energía.

Para quienes observaban dentro de la Atlas, la batalla parecía una película de cine mudo, las ventanas eran pantallas que hipnotizaba con luces y explosiones. Cuando los impactos alcanzaron la nave la banda sonora se volvió muy real. Alarmas, impactos retumbando, gritos… Cualquiera sentiría la urgencia de salir de allí, pero no había donde ir, en un campo de batalla terrestre tenías la posibilidad de correr; aquí solo estabas tú, el vacío, el sol azul, y esta lata tañendo al compás de mil disparos.

Vaciar la Kéningar fue arduo, la gente no comprendía qué pasaba ni cómo se vieron envueltos. El más confundido era Fran, ahora mismo cualquiera lucharía por proteger su nave; incluso si eres del otro bando la supervivencia estaba en juego, pero él solo pensaba en su familia. McGregor le comunicó que su familia estaba en la Leucótea. Fran dispuso que si debía morir para salvar a su hija, lo haría. Dejó emitiendo el deslizador pirateado y desembarcó con el resto, ahora solo tenía que encontrar el momento y lugar dónde hacer daño.

Cuando sacaron a todo el mundo Jillian vio en estaba batalla una oportunidad para tomar venganza de su antiguo compañero, el resto la secundó. La Kéningar no contaba con armamento, así que partieron directos con sus mechas. Jill optó por tomar el Halcón operativo, Mira, Cris y Red montaron en Espartanos ensamblados con deslizadores para mejorar la propulsión. Solo dejaron atrás el deslizador más recóndito, el que Fran manipuló.

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“Jill hizo temblar el hangar en su despegue, como un rayo se dirigió a los enjambres espaciales.”

Jill hizo temblar el hangar en su despegue, como un rayo se dirigió a los enjambres espaciales. Mira eligió buena música de anime para todos, era bueno escuchar lo mismo para sincronizarse. Después, formó en triángulo con Red y Cris, evaluaron la situación entre todos y acordaron presionar a las fragatas de Hécate.

La zona ya era un campo de escombros al acercarse, los trozos de mechas y cazas eran tan peligrosos como cualquier proyectil Gauss. El Halcón les abría paso cuando algún Albatros les enfilaba; a Jill le hubiera encantado apuntar al puente de la Leucótea, pero no tenía armamento capaz de dañar aquella monstruosidad, era como un tiburón contra una piraña.

Cris fue la primera en abrir fuego contra el objetivo, no vio el nombre, se alegró, dejó amigos en Hécate cuando desertó y ahora no podía vacilar. Potentes ráfagas comenzaron a perforar el blindaje de la fragata, esta respondía con torpes cañonazos y misiles. Los tres Espartanos concentraron el fuego en la misma sección, los brutales impactos hicieron saltar trozos del blindaje, luego del fuselaje.

Aquellos mechas humanoides de tres metros tuvieron que recargar. Un cargador entero apenas fue suficiente para abrir un agujero, pero eso bastaría. Con las armas listas los mechas dieron una nueva pasada, en esta ocasión abordaron la brecha, dentro de la nave harían mucho daño.

Tomaron una enorme arma térmica y cortaron el sellado de la primera sala. Al primer agujero el interior escupió aire, cortaron hasta que toda la chapa salió despedida. Algunos valientes esperaban al equipo con armas y trajes espaciales al otro lado; la tripulación enfrentó a los gigantes, pero las posibilidades no estaban de su parte.

El procedimiento fue el mismo sala a sala; descubrieron que la nave era la Éunice, poco importaba ya. Los valientes defensores les reventaron placas y extremidades a los Espartanos pero estos seguían su ataque, el vientre con la cabina estaba bien protegido. Los Mechas arrasaron la nave como termitas en la madera y salieron tras convertirla en una carcasa inerte. El contraste de sonidos explosivos dentro de la Éunice y el silencio afuera era perturbador, como si alguien te hubiera apagado algo en la cabeza, se afilaban los demás sentidos; el sabor a sangre por los golpes era intenso, el calor de las armaduras abrasaba, la música era el único alivio.

La batalla era cada vez más desesperada para la Leucótea, Jillian no entendía por qué permanecía aquí. Si ellos eran una piraña, la Atlas era una ballena que lanzaba dentelladas contra el tiburón. Nuevas alarmas sacaron a Jill de su análisis, temió mirar el sensor, pero allí estaban, ocho nuevas naves habían llegado al combate.

«La Poseidón» se presentó como una gigantesca mancha en los ladares. Como quién ve aparecer una deidad de poder indiscutible el titán ni se planteó luchar, ordenó retirada, más aún, ordenó el sálvese quien pueda; esto significaba que no iba a esperar a recoger las otras fragatas ni los cazas, cada cual debía preparar su propio acelerador.

Nadie perdió el tiempo, se produjo una desbandada, se desvanecieron las líneas y frentes, cada cual buscó donde acoplarse, cómo salir. Para Mira, Cris y Red era un gran problema, se habían internado demasiado en las líneas enemigas para dar cuenta de la Éunice.

De repente, los enemigos abrumaron al Halcón y los Espartanos; una decena de cazas les bañó de proyectiles, el deslizador de Cris estalló y ella perdió el control. Mira tuvo aún peor suerte, su mecha al completo fue despedazado, solo la eyección de emergencia evitó su muerte, pero no que perdiera la inconsciencia. Red pidió auxilio.

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“Ocho nuevas naves habían llegado al combate. «La Poseidón» se presentó como una gigantesca mancha en los ladares.”

Edgar, relegado a espectador por sus heridas, escuchaba las comunicaciones de sus amigos y de la Atlas. Algunas voces acusaban a la Kéningar de traición, «alguien tuvo que chivarse a Hécate». Ed no tenía tiempo para aguantar eso, se arrastró a los mandos de la nave y despegó. A la Atlas no le importó dejarle ir, pensaron que con él se irían los topos. Nada más lejos de la realidad, Fran no había dicho su última palabra.

De alguna manera, aquel civil metido a espía se coló más y más en el corazón de la nave, la llegada de la Poseidón le dio la oportunidad para hacer daño. Fran no quería destruir la nave, solo averiarla para así obligarles a rendirse ante la autoridad; en su mente eso era lo más parecido a un final feliz. Se coló hasta el módulo de distribución de energía, acto seguido se sirvió de un extintor para reventar paneles y tubos. Sólo tenía claro cual era el aparato de soporte vital, también sabía que, al contrario de lo que mostraban las películas, era muy difícil hacer estallar una nave.

Lo que no supo es que su primer estrago fue averiar las comunicaciones. De repente, no existía manera de mandar mensajes a otras naves y el caos se multiplicó. Guardias y más guardias se amontonaron en el módulo de distribución, la tensión y crispación creada hizo que al final cosieran a balazos al desquiciado Fran.

La Kéningar aun rendía, rendía más que su maltrecho piloto que pugnaba por no chocar contra toneladas de chatarra flotante. Su camuflaje logró sortear la primera oleada de naves, esquivó como una culebra hasta alcanzar a sus compañeros. Jill tuvo que valerse de toda su pericia para empujar el Espartano de Cris y volverlo manejable, el Halcón parecía estar jugando al Pong con el Espartano mientras evitaba ráfagas enemigas, así hasta que logró dirigirlo a la Kéningar. El Espartano extendió su mano mecánica y aferró cual acto de fe la nada, que pareció sólida ante los dedos artificiales.

Rescatar a Mira fue tema a parte, la cápsula no resistiría el juego de la pelota espacial, la inconsciente ocupante tampoco podía ayudar. Red se encargó, tuvo que arriesgarlo todo para atraparla, su deslizador fue víctima de la artillería enemiga; esto no detuvo, tenía inercia suficiente para alcanzar a Mira y así lo hizo. Aferró la cápsula de su compañera con mimo tras soltar su cañón de mano y pidió a la Kéningar ser recogido.

El verso libre continuaba oculto a ojos mundanos, el único que podía situarles era la Leucótea, pero la nave de McGregor estaba ocupada en presas mayores. Ed pudo recoger a sus compañeros, Jill embarcó en último lugar e intentó ponerse en contacto con la Atlas, no respondían. Cuando Edgar les narró que barajaban su traición el grupo se temió que ya no fueran bienvenidos.

Solo quedó una opción, largarse lo antes posible. Al igual que el resto de naves apátridas, la Kéningar trazó un rumbo improvisado. Vieron que pese a todo la Atlas logró darle al acelerador y salir de allí, igual que otras dos de sus fragatas; Las demás naves parecían demasiado dañadas, empezaron a escucharse mensajes pidiendo cuartel a Hécate. No se quedaron a ver el final, el acelerador de partículas vibró y quemaron combustible.


Al capítulo siguiente.

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La imagen de cabecera es obra de: Gugo78

La Imagen de Jane Shepard es obra de: Jennifer-Manzanera

La última de las naves es otra de LordDoomHammer.

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